La última tentación

En Jerusalén, que debe de ser un sitio sin IBI y por eso se pegan todos por vivir allí, hay una comunidad de judíos ortodoxos que lo son mucho. Por eso tienen separadas a las mujeres y a los hombres en gran parte de los lugares públicos, para evitar tentaciones, porque piensan que ambos sexos no deberían encontrarse hasta el matrimonio (siempre que no sean familia), una costumbre muy vigente en nuestros días. La del matrimonio también.

Los jerusalinianos no son sólo judíos, hay muchas creencias juntas por allí, así que visten como buenamente quieren, que es lo suyo -salvo cuando mezclan rayas y cuadros o diferentes estampados, que está prohibido por ley, todo un ejemplo de sociedad del bienestar. Esto provoca que haya  gente con escotes y faldas muy cortas, mujeres, vamos, porque no parece preocuparles que los hombres vayan desnudos por la calle, y no entendemos por qué. Para que ningún judío extremista caiga en la tentación de mirar mujeres al ir a comprar el pan judío y sólo se miren genitales propios, han comercializado unas gafas que te dejan ver lo justo para que no te des una hostia si vas andando, pero que poco metros más allá hacen que lo veas todo borroso. Lo que podríamos llamar “visión de hurón”

Esta redacción ha tenido acceso a las gafas comprobando que son un modelo de alta gama, probablemente diseñadas en Rusia como el equipamiento olímpico español. No obstante se ha detectado cierta confusión a la hora de adquirir las gafas y algunos no parecen tener claro cuáles son las que hay que comprar o, simplemente, se han aprovechado de la situación, que la gente tiene mucho morro.