Remedios caseros I: cómo acabar con los piojos

Abrimos la veda de los remedios caseros como parte de esta sección. Empezamos  el año con uno infalible contra los piojos, porque seguro que tienes algún piojoso cerca (todos lo tenemos), o algún niño en su defecto o algún niño con su defecto, que es ser un niño.

Queremos aclarar que estos remedios los hemos probado previamente, aunque el becario todavía sigue de baja, pero con el pelo limpio, limpio. No es verdad. Los becarios no pueden darse de baja. Está en coma tirado en los lavabos.

MATERIALES

– Bolsa de plástico.

– Vinagre.

– Bote de insecticida.

– Horquillas.

Si tienes el pelo largo es aconsejable recogerlo en una coleta o similar. O que te lo recoja alguien si no se muere del asco, porque tener piojos es una cosa muy común pero eso no lo hace menos lamentable. Una vez recogido, te echas vinagre a muerte, en plan aliño de abuela. Acto seguido te rocías la cabeza bien con insecticida  procurando que te caiga en el resto del cuerpo y en los ojos lo menos posible. Desconocemos la reacción del vinagre mezclado con el insecticida, salvo que es mortal para los piojos. Igual es mortal para las personas, pero hasta que no muera el becario no podremos confirmarlo.

Una vez hecho esto, si aún respiras, te pones la bolsa en la cabeza (sólo en la zona de pelo, salvo que te de morbo autoasfixiarte), como si fueras a entrar a quirófano, y la sujetas bien con horquillas. La marca de la bolsa da igual pero las bolsas del Lidl son mucho más humillantes, puestos a superar el listón de este remedio casero (vigila que la bolsa no tenga restos de comida, ya que en ese caso los piojos la devorarán y después terminarán contigo). Siguiendo con el tema, tienes que dormir con la bolsa en la cabeza. A la mañana siguiente te aseguramos que habrán muerto todos los piojos ahogados en tu propio vómito.

Esta es la opción laboriosa. La otra es echarte gasolina y prenderte fuego al pelo. Mano de santo.

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Más triste es robar. Parte I de II.

Lo de la crisis en la música no es nada nuevo, por mucho que ahora se apunte todo el mundo al carro.

Pero la vida de estrella del pop-rock es muy cara. Los pobres vivimos en un mundo con tdt y bombonas de butano. Pero ahí afuera están las instalaciones de gas natural y los canales satélite. Cuando uno gana tanta pasta deja de comprar los calcetines en packs de diez. Y eso tiene un precio. Así que para darle un empujón a tu carrera, a tu nuevo disco y al bolsillo, qué mejor opción que la publicidad:

Nunca nos hemos podido resistir a este anuncio. Lo mentamos a las primeras de cambio porque entonces era una cosa muy poco habitual, hay que entenderlo, pero fue de las mejores campañas de la DGT.

Stevie Wonder- DGT

Qué grande es Georgie Dann. Nadie ha llegado tan lejos con un todoterreno. Ni con un plumas como el suyo.

Georgie Dann- Galloper

En general cualquier cosa que haga Iggy Pop nos parece bien, así que un anuncio de seguros para coches tampoco es para tirarse de los pelos.

Iggy Pop- Seguros

Poco más o menos lo mismo con Debbie Harry. Aunque los pantalones son espantosos, claro.

Debbie Harry- Pantalones Murjani

No tenemos palabras para este de Billy Idol. Para contextualizar diremos que decidió dar un giro a su carrera en solitario y dedicarse al rap. Ikea te anima a eso, a que empieces desde cero.

Billy Idol-Ikea

¿Seguirá Julio Iglesias siendo fiel a La Casera?¿Seguirá llevando jerséis atados a la cintura?¿Dejaremos de pedir algún día una clara con Casera, aunque nos la pongan con gaseosa del Lidl?

Julio Iglesias-La Casera

Lo de Bon Jovi (si hombre, ese señor que hizo una canción un día y de ahí salieron cinco discos) con el coche, un buen anuncio, nos recuerda bastante a la campaña de Shakira. Lo malo es que luego no te puedes quitar las canciones de la cabeza aunque no tengas ni el carné de conducir.

Bon Jovi- Mitsubishi

Del anuncio que no teníamos ni idea era del de Shakira con el vestido Locomía que hemos encontrado. Visualmente muy majo. Y ella no abre la boca. Todos contentos.

Shakira- Panasonic

Con las manos en la grasa

Pasta con chorizo

En un nuevo intento de aunar nuestras pasiones, aquí inauguramos una nueva sección, esta vez de cocina. No porque nos guste cocinar sino porque nos gusta comer. Estamos dispuestos a luchar contra la tiranía impuesta por las pijadas culinarias y la hipocresía de los programas de televisión patrocinados por hornos pirolíticos, que suena a rechupete o piruleta. Queremos reivindicar la verdadera cocina con la que nos hemos críado y que se manifiesta de forma innata a medida que crecemos, como animales que somos. En esta sección las únicas reducciones que veréis serán las de cráneos, y nuestra especia preferida será la nocilla. Hoy nos aferramos a un clásico,  la pasta con chorizo, claro, que provoca más adicción que la heroína.

Guns N' Roses, visionarios hasta en el fogón

Ingredientes:

Tacos de chorizo Revilla, el más auténtico. En su defecto, lanchas de chorizo revilla, al gusto, partidas en cachos pequeños. Los grumetes también pueden usar chorizo del picante.

Pasta. Da igual cuál. Macarrones de los pequeños, pajaritas, espaguetis, caracoles, rulos… nuestro conocimiento de las variedades de pasta es, como veis, sorprendente.

8 latas de cerveza

– La mitad de un ajo. ¿Un ajo es todo el ajo o una cabeza de ajo? Esperamos que lo sepas, si no igual te pasas o no llegas.

Tomate frito. Ni natural, ni triturado. Tomate frito de brick. Mejor si es Apis. Admisible Hacendado y Orlando. No admisible el tomate del Lidl. En serio. Es de demasiada calidad para nuestro plato.

– Una cuchara de aceite (conocido popularmente como un-poquito-de-aceite). Si no encontráis una cuchara de aceite también puede servir una cuchara de metal.

Queso rallado. El de 4 quesos de El Caserío para gratinar queda muy bien. Pero vamos, no es imprescindible como el chorizo o el ajo. O la pasta. No.

¿Y ahora qué?

Hervimos la pasta. Mejor si nos pasamos del tiempo de cocción, en plan madre. La separamos. Abrimos una cerveza.

Partimos el ajo en trozos pequeños. Nos olemos los dedos. En una sartén echamos un poco de aceite. Encendemos el gas o la vitro (nadie dice vitrocerámica a estas alturas de nivel lingüístico) con objeto de que se caliente el aceite, algo que nos va a ayudar a acabar mucho antes. Metemos dos dedos para comprobar si el aceite está lo suficientemente caliente.

Freímos el ajo. Cuando empiece a dorarse =cuando empiece a ponerse marrón, echamos el chorizo y procedemos a realizar uno de los actos básicos de la cocina española: rehogamos. Que es freírlo en una sartén, básicamente. Abre otra cerveza.

Lo juntamos con la pasta en una misma olla, también al fuego, o en la sartén si sólo haces comida para tí y el perro. Venga, de un trago.

Echamos el tomate y lo mezclamos con una cuchara de palo, porque las de aluminio rallan lo antiadherente de las ollas y las sartenes. Y las de aluminio con mango de plástico son una mierda, se rompen al mes. Como lo oyes. Bebe cerveza.

Mezclamos también el queso. Si es queso rallado, pues no, porque te da un poco igual echarlo antes o después. Si es del de El Caserío para gratinar, se deshace con el calor y se te saltan las lágrimas, ni en el mejor restaurante de París vas a probar una obra de arte semejante. Y mojad bien el pan y las falangetas.

Precio para 4 personas:  si cobras a tus invitados te saldrá la jugada perfecta, pídele 2 € a cada uno y obtendrás beneficios.

Tiempo de preparación: necesitas estar 30 minutos antes estirando brazos y bebiendo cervezas para estar un poco puesto.

Dificultad: Relativamente fácil.