Con el holograma se nos presenta un buen panorama

Por segundo día volvemos a hablar de japoneses, como en los mejores blogs de videojuegos.

En Japan está triunfando una especie de Hannah Montana que se llama Hatsune Miku. La chica tiene 16 años y llena estadios. Aparte del típico comentario que nos viene a todos a la cabeza de “qué cabrona, la pasta que estará ganando”, lo que nos llama la atención es que esta tía no es una persona real, es un holograma en 3D que proyectan sobre el escenario, como Fraga o Jordi Hurtado (que no nos acordamos quién nos lo dijo). Lo mejor es ver un vídeo en directo y después seguimos hablando.

Como véis el bicho es rollo manga, y le llega el pelo hasta las rodillas. Lo bueno de esto es que pueden programarla para que baile el Moonwalker mezclado con el baile del pañuelo.

Esto abre la puerta a cosas inimaginables, un mundo por descubrir. Por ejemplo, si la máquina de 3D cayese en manos de mentes depravadas, desequilibradas y todo lo que termine en adas, como las nuestras, sería para estudiar cómo unas mentes pueden tener manos, pero aparte de esto se nos ocurren algunos eventos que organizar:

– Una gira mundial sin precedentes: Kurt Cobain meets Falete.

– Dueto de Rocío Jurado  y John Lennon (el sueño de una de nuestras redactoras). O Manolo Escobar con Jeff Bukley.

– Dean Martin con Miguel de Molina: a cada cual, su crooner, con el hit ‘The Well Paid’. También podría con su hijo Dani Martin.

– ACDC a dos voces. O los Clash con Eskorbuto, formación original.

– Louis Amstrong con sus hijos Billie Joe, Neil y Lance Armstrong.

– Regreso inminente a la televisión de ‘Su Media Naranja’ y ‘El Precio Justo’, con sus respectivos.

– Un cameo de Félix Rodríguez de la Fuente en “El encantador de perros” arrasaría en audiencia.

Lo bueno de esto es que ahora sí que va a empezar a ser negocio la música, sin pagar un duro a las estrellas. Y picarán poco del catering: el alcohol y las groupies por fin serán para los técnicos que dejarán de ser reconocidos como un medio para ser un fin en sí mismos. Adiós a las escenas de pegar a los periodistas, tirar las televisiones por las ventanas de los hoteles o mandar a la mierda a quien les pida un autógrafo. Casi nos da hasta pena. Se acabó. Ahora sí que podemos decirlo. Rocknroll is dead.