Avernación

En una de nuestras revistas de cabecera, Science, hemos leído que los avances en el campo de la hibernación están cerca de conseguir resultados para los humanos en plan ciencia-ficción. Estudiando el proceso de los osos pardos, que son muy parecidos a los humanos, no hay más que verlos, han observado que la temperatura de su cuerpo en hibernación se mantiene entre 30 y 36º grados por ciclos de 2 a 7 días, mientras que los latidos del corazón bajan sin que entren en un coma irreversible, si bien tardan en recuperar su actividad normal unas tres semanas, según han comentado los propios osos.

El famoso Øivind Tøien, científico que claramente se ha inventado su propio nombre, opina que “lo único que nos queda por saber es cómo activar o desactivar el proceso de hibernación y aprovechar los diferentes grados del mismo“. Es decir, que han publicado el artículo para justificar la subvención pero todavía no han descubierto nada que no se sepa (A Walt Disney hace 41 años en su lecho de muerte le dijeron: “lo único que nos queda es cómo activar o desactivar la inmortalidad, pero tranquilo, que en un par de añitos lo tenemos. Son 1.000 millones. ¿Pagará en efectivo o con tarjeta?”)

Están convencidos de que la primera aplicacion práctica será en los viajes espaciales, como en la Nostromo, para que los tripulantes aprovechen al máximo su estancia fuera de la tierra, porque está claro que los astronautas se van normales y vuelven con un leve retraso, sólo hay que ver a Pedro Duque. El otro día nos le cruzamos en una calle de Madrid y se saltó tres carriles con su BMW como quien no quiere la cosa.

También podían mandar a los osos a conquistar al espacio, que ya saben cómo se despiertan, y así tendríamos una nueva raza para colonizar la galaxia.

Hablando de osos y de hibernaciones, recomendamos leer “El Mejor Amigo del Oso“, de Arto Paasilinna, que es un divertido escritor finlandés del que no podríamos hablar en ningún otro momento y por eso lo metemos aquí.

Con todo, lo que está claro es que habrá que dormir por turnos, porque con la mala leche que gastamos los humanos tras una siesta de 20 minutos, después de dormir 6 meses podemos organizar la tercera guerra mundial.